Yo era la nenita buena de Bernie (Madoff) hasta que saltó el escándalo y me convertí, como todo lo suyo, en una activa tóxica que intenta sobrevivir sin él.

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Libro = Sigo = Sin Ganas = Pero lo hago = <¡>

2.-

Con LIBRO todavía pegando pequeños botes sobre el cojín en el que segundos antes apoyaba las uñas de sus pies, pintadas de verde esmeralda, creyó estar viendo el vídeo ese famoso de Carla Brunni pero con consecuencias trágicas.


La ventana de enfrente, apenas sí se separaba seis metros de la suya, y con toda la claridad que permitía la luz de las velas que había prendido su, en breve difunto propietario, vio como Liz, la bilbaína, sajaba el cuello de Pepelu de dos tajazos, pegaba un pequeño brinco para alejarse, aproximadamente un metro de él, todavía blandiendo la navaja en su mano izquierda, al mismo tiempo que le chillaba, con total claridad: ¡mira cómo me has puesto el vestido, cerdo!.


Nadie sabe, ni siquiera Liz, si Pepelu escuchó ese justo reproche, entretenido como estaba intentando taponar con sus manos el boquete de su garganta para evitar que se perdiera para siempre, sobre la moqueta, aquel fluído rojo que recorría todo su organismo, llevando a cada uno de sus poros docenas de sustancias prohibidas y mezcladas. Una labor encomiable y con una buena finalidad, pero que no consiguió concluir con éxito aquel puerco.


La escena, no se parecía en nada a los otros cientos de escenas que Ara había visto en otros tantos cientos de películas. No tenía nada de cinematógrafica, quizá por carecer de la pantalla adecuada, y le recordó, más bien, a una estampa doméstica, de cocina, vulgar y corriente... a una maruja cortando jamón en su indubán o amasando croquetas con los restos del cocido del domingo a media tarde, porque en casa de la maruja, en domingo, ni cristo se levantaba temprano para velar por la protección de las almas que habitaban ese hipotético hogar de protección oficial.

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Libro = Perro = Loro = Pez = Hombre = ?

Quieren (no digo quienes) que escriba un libro.
Lo he estado pensando y sí voy a escribirlo; el libro, libro.
Ya tengo el título: LIBRO
Si tuviera un perro se llamaría perro, si tuviera un loro se llamaría loro, si tuviera un pez se llamaría pez, si tuviera un hombre se llamaría hombre, si te tuviera ti te llamaría cielo.


Pero no es el caso.
Ya tengo un comienzo también. Así que ahí va... aunque me dijeron que no lo escribiera por aquí.
¡Puta que es una!
 
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LIBRO.- CAPÍTULO I

Bienvenido a mi libro, asqueroso lector.
Sí, te estoy insultando por toda la cara. Esto no es un puto truco para llamar tu atención; me importa una mierda que sigas leyendo o que tires a LIBRO por la ventana.
Cerdo.
Y ya, en broma, ¡cómo es posible que pierdas tu tiempo leyendo, con la de negritos que hay soñando con litros de leche Pascual!... allí solos y rodeados de bichos y de fieras; la mayoría de ellas humanas.


Ara Molina leyó justo hasta ese párrafo. Cerró a libro, lo tiró hacia un extremo del sofá verde sobre el que estaba tumbada, se frotó un ojo... se frotó un ojo mucho; el derecho en concreto. Inclinó su cabeza, en un gesto instintivo, hacia la izquierda, para seguir frotándose (mucho) el ojo derecho... pegó un respingo al no ver allí, de reojo, su melena rubia platino porque se había olvidado de que esos días era morena, y fue entonces cuando vio el crímen a través de la ventana.
Mucho más tarde, como en Lost, sabría que la asesina se llamaba Liz, que era de Bilbao, que también era rubia a trompicones y que la víctima era un capullo al que habían echado, años atrás, del Rayo Vallecano.
Pepelu, se había llamado en vida aquel botillo gallego al que Liz convirtió en cabeza de jabalí en lonchas, en dos segundos, y con una navaja barbera.


Pero en ese momento, Ara, no sabía nada. Ni tampoco intuía que, a partir de ese día, todos sus sueños artísticos se iban a desvanecer y que años después ni dios se acordaría de que la detective Ara, la cobra solitaria que se pasaba los días y las noches reptando por las calles, o apoyando su precioso culo en la silla de madera de su agencia de una sola habitación, mientras giraba frenéticamente el dial de una radio de madera, antigua, buscando en las ondas a Jiménez Losantos para poder insultarlo a medida que lo escuchaba, había soñado, tiempo atrás, con ser actriz y modelo, y no necesariamente en ese orden

(CONTINUARÁ) ?¿ (creo)

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Mi blog, mi único juguete


Tela - Mantas - Nórdicos - Cubre Camas
.... y esas bragas que cubren a las señoras,
que dicen ¡Jesús Jesús!
cuando les cuentan algo que ellas creen terrible,
o cuando les llenan la copa de anís más allá del borde
... más allá del límite.
Mi blog es mi único juguete
no tengo consoladores de plástico, ni dildos con pilas
ni pollas negras sintéticas que se mueven solas
como una mano cortada que repta en una película gore
hacia el tobillo de la chica que remueve un café distraída
No había abandonado a mi juguete, me estuve yendo al Gran Norte
allá donde amanece cuando en Cádiz es de noche
entre el mar, las islas, las montañas...
Con el Japón enfrente, antiguo imperio de momias envejecidas
y Siberia al fondo
con sus chicas rusas a las que odio por pura envidia.



Psdt.- Ya estoy en Canadá, en British Columbia
no se por cuánto tiempo
llegué aquí saltando de polla en polla
como una colegiala juguetona correteando por la arena fina
de alguna playa perdida y desierta de presencias humanas.
No se cuánto estaré, decía,
pero si se que
quiero sentir lo que se siente al ser una "ilegala"
Luego regresaré porque
esto
se parece demasiado demasiado demasiado demasiado demasiado
al vecino del sur
a ese sitio del negrito donde no quiso vivir Blondie y donde seguramente vive tranquilo Bin Laden.

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Tengo una muñeca vestida de azul...

....... con su camisita y su canesú.
Nunca supe, ni se, lo que es un canesú, canesú.
Ni lo voy a mirar.

Puedo seguir viviendo con ese desconocimiento,
... puedo seguir viviendo y desconociendo la práctica totalidad de las cosas que tú sabes; la totalidad de lo que conoces.
No se si daría todo lo que conozco por la mitad de lo que ignoro.
Antes no lo hubiera dudado,
antes de esta vida tao en la que ahora me hundo día a día entre humos y humedades,
... y goteras sin arreglar.
Quizá mañana, cuando salga al mar,
algo revuelto
lo vea todo más claro, o quizá no quiera verlo.
Y sólo piense en pescar, que por eso es por lo que me pagan.
Los dos fines de semana que salgo al océano,
son, a mi regreso,
los más intensos... y ese par de domingos se convierten en los más hermosos de mi vida a corto plazo.
Como todas lo son, aunque nos neguemos siempre a verlo.

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Bocas llenas


Bocas llenas
¡qué fácil sería escribir ahora bocazas!, bocazas
bocazas
eso; bocazaz
¿lo dije?
mejor dicho, ¿lo escribí ya? ¿lo ves? ¡no!; ¿lo lees?
¿sí?
¡vale pues!, es que tenía mis dudas.


¡Jooooder!, que lo había puesto con zeta, ¡cómo no me has avisado!
bocazas
¿ahora sí no?
Vale entonces.
Yo también quiero llenar la mía, pero no con los presupuestos del estado
ni tampoco quiero que mis dientes rocen ninguna hostia
ni comunión alguna
ni deseo que mi lengua entre en contacto con otra que pertenezca a alguien que usa mascarilla.


Quiero lamer plátanos, golosa, y no comermelos
quiero recorrer a salivazos todas las lenguas de los infectados
no de los histéricos de las gripes de diseño comercial
sino de los verdaderamente jodidos y estresados y sentir sus salivas
gota a gota, y beberme todos sus fluídos, salgan por donde salgan y aunque huelan a pescado de tres días y tres largas noches largas sin tenerte cerca de mí
¡Por el canto de los pájaros! (esto es para darle un toque poético a esta reflexión tan meditada).
Y nada más. Que con los pájaros llega.


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