
Él, para ser feliz
quería un camión, yo quiero
una máscara antigás que no funcione,
que no proteja
que no me aisle de las radiaciones.

Veo a la chica o al chico
......... que no lo sé
de mis pesadillas más recurrentes
con sus cabellos de rizos dorados como en los poemas
de Rubén Darío,
lo veo; cada noche, tras la cortina de mis pupilas,
y nunca alcanzo a sujetarl@ por esa maraña
dorada de rizos,
para meter sus narices llenas de mocos
en el microondas de la cocina,

....... y darle al play, al star, al function,
ponerlo en marcha después de joder el seguro
de una patada
para observar, en cámara rápida, como le revientan sus ojos,
esas cuencas de merluza del pincho,
que me vigilan

de profundis, en lo más sagrado.
Sus tirabuzones de oro se me escapan
y se escurren entre mis dedos mojados
con mis líquidos vaginales,
.......... pringados de aceite de freir churros,
manchados con la grasa del motor,
de la moto que le jodí al vecino cuando estaba aparcada,
antes de meterme como una niña buena en la cama,
en la que cada noche me aguarda
ese ser monstruoso con filamentos de pirita
que cuelgan de su cabeza como estalactitas consoladoras.





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