Pero casi nunca recuerdo mis sueños
y además nunca me acuesto, me caigo cada ciertas horas sobre la cama,
literalmente derrumbada y repleta de sustancias, también malas; o al menos tan malas como mi hipótesis inicial sobre mi falta de santidad; aunque no de estigmas sobre mis carnes, producidas por las quemaduras de las colillas que se consumen, sin darme cuenta, entre mi índice y corazón.
No ese corazón que bombea el puerco líquido rojo hacia cada uno de mis milímetros corporales
salvo al bulbo de mis cabellos
El corazón que sirve para estirarlo ante la cara de los soñadores encongiendo al mismo tiempo el índice y el anular, para que así puedan ver una imagen resumida de en qué se convertirán todas sus fantasías existenciales.
No soñé con Dorian, pero si me masturbé pensando en su retrato; no en él.
No soñé con Dorian, pero sí imaginé a su imagen envejecida descolgándose del marco que lo aprisiona sobre la pared y llenando mi piel de escamas que se desprendían de sus dedos...
........ de babas espesas de saliva de fumador que caían como las cataratas del Santo Ángel sobre mis pezones endurecidos...
No, no soñé con él, sólo con su retrato, con sus encías descarnadas cerrándose sobre mi clítoris y mamándolo como si fuera una Galleta Fontaneda en un intento desesperado de reblandecerlo para poder ingerirlo luego...
Imaginé su cuadro cobrando vida y le dediqué el orgasmo que mis dedos, suplantando a esos suyos que idealizaba sobre mi epidermis, me procuraron un rato después de haber sentido como sus pasos imaginarios se me acercaban.Luego miré hacia el techo repleto de humedad invernal que aprisiona e impide mi posible vuelo hacia el infinito desde mi cama sin mudar, encendí un cigarro de cannabis sativa, y él volvió a cumplir su cometido de mantener lozano al picaflor... entre los cuatro listoncillos de madera y sobre el lienzo cada vez más desgastado.







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